Hipotecas: riesgos de ser avalista


El avalista respalda al titular de manera personal y puede vender, si lo desea, sus bienes y propiedades porque seguirá prestando su garantía con el nuevo patrimonio. Sin embargo, incluso cuando no llegue a pagar nada, estos bienes están comprometidos y pueden mermar la capacidad del avalista para acceder a una financiación si la necesita en un futuro. Es decir, si quiere comprarse otra casa puede vender la que tiene pero será más difícil que le concedan una hipoteca con una cuota mensual elevada si figura como avalista de otras personas.

El garante ha de saber que si su patrimonio es elevado, puede servir de aval a varias personas, tantas como el banco considere oportunas. Pero en el caso de que sus bienes, su cuenta corriente o su nómina sean más modestos, su capacidad de avalar se reducirá. Es un dato a tener en cuenta en el caso de un padre o una madre con varios hijos. Se puede dar la situación de que respaldar a uno de ellos suponga no poder hacer lo mismo con el resto, lo cual puede llegar a ser una fuente de conflictos familiares.

Es frecuente creer que el avalista sólo responde de la deuda cuando el banco no ha conseguido obtener el dinero del titular de la hipoteca, pero esto no siempre es así. Si no se han realizado los pagos en el plazo pactado, la entidad financiera puede proceder a cobrar del avalista en lugar de embargar al prestatario, aunque éste disponga de efectivo para pagar lo que debe. A pesar de que lo lógico sería que el banco se quedara en primer lugar con la vivienda hipotecada, no tiene por qué hacerlo así y está en su derecho de embargar, si lo prefiere, el patrimonio del avalista.

También es probable que la entidad bancaria solicite al avalista que tenga un depósito en la entidad y le obligue a mantenerlo con una cantidad determinada de manera que, si el titular de la hipoteca deja de pagar, el banco pueda, automáticamente, saldar la deuda con el dinero de la persona que ha respaldado el préstamo.

También suele pensarse que si hay varios avalistas, todos ellos responden de manera equitativa, y la deuda se dividirá en partes iguales entre todos ellos. En el caso de una pareja que pida una hipoteca y cuente con el aval de los padres y los suegros, es decir de cuatro personas, se puede pensar que cada uno de ellos, o cada pareja, responde con su patrimonio en igualdad de condiciones. Esto no es así, pues el banco cobra del avalista que considere más accesible, del que tenga más dinero o de aquel cuyos bienes sean más fáciles de embargar o más interesantes para la entidad. En esta circunstancia en la que los avalistas son los padres o los suegros se puede dar otra situación aún más complicada, y es que se produzca la separación de la pareja titular de la hipoteca y los avalistas deban hacer frente a la deuda de su antiguo yerno o nuera. Muchas veces las hipotecas a 30, 40 ó 50 años son más duraderas que un matrimonio.

Los avalistas no reciben del banco ninguna información sobre el cumplimiento de las obligaciones de pago salvo que expresamente se haya establecido así en el contrato y el titular de la hipoteca haya dado su consentimiento. Si no es así, puede que la primera noticia que tengan del impago de las cuotas sea una notificación judicial.

Impago de la hipoteca


¿Qué ocurre cuando el titular de una hipoteca no paga?

Lo normal es que cuando se produzca el primer impago de las cuotas de la hipoteca, el banco se ponga en contacto con el prestatario porque puede tratarse de un error o un descuido. Si no es así, y el cliente continúa adeudando plazos se le cobran intereses por demora que también pueden ser sufragados por el avalista. Cuando exista un verdadero problema económico que imposibilite el abono del dinero por parte del titular, cabe la posibilidad de ampliar el plazo de devolución del crédito siempre que el banco y el titular estén de acuerdo. De este modo, se reduciría el dinero a pagar en cada cuota aunque se incrementaría el total debido a que cuanto más tiempo se tarda en devolver el préstamo, más intereses se tienen que abonar.

En el caso de que esto no sea posible, el banco iniciará una demanda judicial contra el prestatario y los avalistas que, de ser admitida, podría conllevar el embargo de la vivienda hipotecada o del dinero, la nómina, o los bienes e inmuebles tanto del titular como del avalista. En última instancia, estas propiedades se pueden subastar hasta cubrir la deuda.

Cuando la persona que ha avalado el crédito se haya visto obligada a hacer frente al pago del dinero adeudado, tiene derecho a exigir el importe al prestatario convirtiéndose así en acreedor del titular del préstamo. Si por cualquier circunstancia el deudor no pudiera pagar la cantidad que le pide el avalista, éste puede exigir la venta del piso hipotecado para cobrar el aval.

El avalista, además, lo será durante el tiempo que dure la hipoteca, salvo que pacte un plazo determinado o que el préstamo se amortice en una cantidad, y responde con todo su patrimonio presente y futuro. Por esta razón, debe ser precavido y tener en cuenta que las condiciones de hoy no son las mismas que se darán dentro de unos años. Ser avalista durante varias décadas es una decisión que merece ser meditada, sopesada y medida en todos sus aspectos y consecuencias.
fuente: consumer.es

primi sui motori con e-max