Préstamos hipotecarios: el avalista es más importante. 

 Los bancos vuelven los ojos hacia el avalista para la concesión de créditos hipotecarios

El índice de morosidad ha pasado del 0,4 al 4,4 desde el año 2007.
Los avalistas, otrora prácticamente marginales, se han convertido en una figura clave para que los bancos acepten financiar una vivienda. Ahora, más de cuatro clientes de cada 100 no pagan su préstamo

Con la crisis, las entidades bancarias no sólo endurecen las condiciones de concesión de créditos hipotecarios, también exigen a los avalistas mayores muestras de solvencia. Para ser candidato a conseguir una hipoteca no basta con dar muestras de solvencia, sino que es necesario contar también con un buen respaldo económico que pueda soportar la deuda en caso de que el titular de la misma se vea afectado por turbulencias económicas.

Desde 2007, cuando estalló la crisis financiera actual, la morosidad ha pasado de estar en el 0,40% (de 100 préstamos ni siquiera uno era un potencial moroso) a alcanzar el 4,14% a cierre de febrero de 2009 (ahora, más de cuatro clientes de cada 100 no pagan su préstamo).

De ahí que los bancos hayan subido el listón de exigencias para prestar dinero. Ya no se conceden créditos que financian el 100% de la vivienda, que supongan pagar más del 40% de los ingresos que recibe la unidad familiar al mes, o que no cuenten con un aval hipotecario.

En muchas ocasiones, son los padres los que avalan a sus hijos para asegurar a las entidades financieras que éstos cuentan con un sólido respaldo financiero. No obstante, es habitual que los propios avalistas desconozcan hasta dónde llega su compromiso y cuál es de verdad su papel como máximos responsables del préstamo en caso de impago por parte del titular.

¿Qué es un aval hipotecario?


Los tipos de avales son numerosos (el de alquiler, el tan renombrado aval del Estado para las emisiones de deuda de los bancos...), pero el más conocido y popular en estos tiempos de incertidumbre económica es el aval hipotecario.

Puede definirse como la persona que voluntariamente garantiza el pago de un préstamo si los titulares y benefactores de la vivienda no pueden hacer frente a los pagos comprometidos. Será quien afronte la totalidad del pago de la hipoteca cuando el titular no pueda pagarla.

¿Cuándo solicitan los bancos aval hipotecario?


En el libro de estilo de los bancos hay varias normas que exigen la solicitud de un aval bancario: la primera de ellas son los préstamos que se piden por más del 80% de la tasación de inmueble. Si una pareja desea comprar un piso valorado en 200.000 euros y necesita financiación por más de 160.000 euros, lo normal es que su banco o caja le reclame un aval bancario, una persona que respalde con sus bienes a los prestatarios.

En segundo lugar, los bancos estudian en profundidad la capacidad de endeudamiento de los titulares y sólo conceden hipotecas sin aval cuando los compradores demuestran que no emplearán más del 35-40% de sus ingresos mensuales en el pago de la hipoteca. Un ejemplo de cliente solvente que no necesita aval es el que solicita una hipoteca de 200.000 euros a un plazo de 25 años, con una nómina de, al menos, 2.370 euros mensuales.

Desde hace unos meses, las entidades también han centrado su atención en otra variable: la estabilidad laboral de los titulares del préstamo. Ante la imparable subida del desempleo, a los bancos les interesa saber si su cliente puede o no entrar a formar parte de las listas del INEM.

El compromiso del avalista


Siempre que una persona asume el papel de avalista, adopta un firme compromiso de pago de la hipoteca.

Por cortesía, las entidades no acuden al avalista en el primer mes que no reciben el cobro de la hipoteca. Esperan tres meses. Consideran, por tanto, que un préstamo es impagado cuando sus titulares incumplen con el pago de tres meses seguidos.

En estos momentos, los bancos están pidiendo muestras de solvencia tan elevadas a los avalistas que hacen un estudio de su capacidad financiera, sus ingresos y gastos para determinar si por sí solos podrían hacer frente a las cuotas del préstamo.

En caso de impago, por ley, la entidad puede solicitar el embargo de los bienes tanto del hipotecado como del avalista. Aunque resulte curioso, la entidad no está obligada a embargar la vivienda objeto de la hipoteca para cubrir la deuda como primera opción. Puede comenzar por tomar directamente bienes muebles, e inmuebles del avalista.

¿Cuándo actúa un avalista?


Ante un impago, la entidad se pone en contacto con el titular del préstamo. Si no consigue que pague, el segundo paso es informar al avalista y solicitar de él el pago de las cuotas íntegras del préstamo, de las pendientes y, en su caso, de los correspondientes intereses de demora que, de media, suponen en torno a un 7% de las cantidades que se han dejado de pagar.

Si el avalista afronta su papel sin ningún inconveniente, la entidad no exigirá nada más y el pago de la hipoteca seguirá su curso. Si, por el contrario, la entidad no consigue que el avalista afronte los pagos, iniciará una demanda judicial. En caso de que la demanda se ejecute, que es lo habitual, el juez podrá solicitar el embargo de los bienes tanto del titular del préstamo como del avalista.

La necesidad de suscribir hipotecas hasta por 40 años hace que la figura del avalista se convierta en un esclavo financiero de por vida. De ahí que sea recomendable dejar escritas ciertas cláusulas en el préstamo hipotecario por lo que pueda pasar.
Fuentes: consumer.es y 20minutos.es

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