Los bancos y las cajas ya no prestan dinero como antes.

Las circunstancias económicas se han modificado en poco tiempo, obligando a los bancos y cajas a adoptar un comportamiento diferente al de hace unos meses, como explica Gonzalo Hernández, experto en economía. Hasta ahora, las entidades bancarias prestaban dinero "sin reparar en quién, cuánto ni cómo, confiando incluso en consumidores que, por su perfil, suponían un alto riesgo de impago". El banco aceptaba un nivel de riesgo elevado porque la economía iba bien, el nivel de desempleo no alcanzaba cotas preocupantes, y la vivienda -garantía contra la que se concedían las hipotecas- en poco tiempo se revalorizaba por encima del préstamo concedido. Esta serie de circunstancias llevó a mucha gente "a endeudarse mucho, a vivir por encima de sus posibilidades". El problema para el sistema financiero español (una de cuyas consecuencias es la falta de liquidez) se origina cuando los bancos compran a las entidades americanas productos financieros que estos no pueden abonar debido al elevado número de impagos que soportan tras la crisis en su economía (ya que las garantías, que eran las hipotecas, no se pagaban). Y sin liquidez, no se puede prestar dinero.

Coincide con este análisis Javier Villoria, quien apunta que la falta de liquidez generalizada perjudica directamente al consumidor, ya que antes los bancos y cajas "se pegaban" por ser los primeros en prestar el dinero, lo que suponía una ventaja para el cliente, que se permitía "apretar" más a los bancos y negociar un interés más bajo. Además, la escasez de liquidez, y una desconfianza generalizada extendida ante la posibilidad de que un Banco o Caja quiebre, imposibilita también que las entidades bancarias se presten dinero entre sí, lo que sitúa al Banco Central Europeo como única fuente de financiación.

Deuda subjetiva


Otro riesgo añadido para las entidades financieras, y un motivo más que obliga a mirar con lupa la concesión de un crédito, es que para aumentar el control en los casos de riesgo y endeudamiento, el Banco de España obliga a que cualquier préstamo concedido que suponga un endeudamiento mayor al 35% de la renta -al ser considerado de riesgo- se dote desde el principio, como deuda subjetiva. Este término indica que aún no puede hablarse de una deuda sin pagar ante un riesgo real de impago, sino que es subjetivo, ante la posibilidad hipotética de que el cliente no pueda pagar el crédito al soportar un endeudamiento mayor al aconsejado. Esta dotación obligada se traduce en una pérdida directa para la entidad financiera, ya que resta directamente en su cuenta de resultados, por lo que esta operación no compensa a un tipo de interés bajo.

Además, la concesión de préstamos (y, por ende, la financiación de cualquier empresa o proyecto) se ve afectada también por una directriz del Banco de España que -según informa el portal de Internet Cotizalia- insta a las entidades a paralizar los créditos y tratar de compensar así el desequilibrio actual entre activo (créditos) y pasivo (depósitos). El Banco de España recomienda a las entidades en este documento utilizar su liquidez para atender los vencimientos de deudas, y evitar de este modo cualquier riesgo posible de quiebra.

EL ESTALLIDO DE LA BURBUJA INMOBILIARIA, PROBLEMA AÑADIDO


La crisis en el mercado inmobiliario supone un agravante importante en la economía y un motivo más para que los bancos se nieguen a prestar dinero, como explica Gonzalo Hernández, ya que la garantía sobre la deuda adquirida acaba por valer menos que el dinero prestado. Es decir, "hace años cuando una persona solicitaba una hipoteca por una vivienda por un valor de un millón de euros, en un mes el inmueble podía alcanzar un valor en el mercado de millón y medio de euros, lo que aseguraba liquidez para enfrentarse a la deuda contraída con la entidad bancaria". Esto permitía solventar de una forma sencilla y rápida cualquier dificultad en la financiación de la deuda adquirida, ya que al no poder hacer frente a las cuotas, el propietario siempre podía poner en venta su propiedad por un precio superior al abonado, saldar la deuda con el banco y optar por la adquisición de una vivienda de menor valor, resolviendo así cualquier problema de índole mayor.

Pero la caída del mercado inmobiliario supone un problema extra para la economía, ya que una vivienda que antes costara un millón de euros, hoy valdrá 800.000 euros, con lo que si el propietario no puede hacer frente a sus cuotas genera dos problemas graves:

La entidad bancaria con la que se contrajo la deuda se enfrenta a una pérdida en su activo. El propietario se encuentra con una gran dificultad a la hora de vender la vivienda por lo que se ve obligado a bajar el precio de venta, que resultará incluso inferior al coste de adquisición. Con ello, el consumidor pierde dinero y, además, se encuentra con que no puede hacer frente al total de la deuda contraída.
fuente: consumer.es

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