No se endeude sin sentido 

Como señalan desde las asociaciones de consumidores, para evitar problemas conviene tener en cuenta las siguientes precauciones antes de suscribir un crédito:

Conocer cuál es el coste real de cualquier tipo de crédito a través de la TAE (Tasa Anual Equivalente).

En los créditos personales dados por bancos y cajas se sitúa en un 10% anual, mientras que en los rápidos incluso supera el 20% anual. Recordar los plazos de devolución.

A medida que se dilata el plazo de devolución, aumentan los intereses y por tanto el coste de devolución del crédito, con lo que es recomendable elegir los plazos más cortos que la capacidad económica de cada persona le permita. Saber que la finalidad de los anuncios de este tipo de productos es estimular su contratación con frases como "facilidad de concesión", "crédito a su medida" o "rapidez"... Sin embargo, hay que centrar la atención en conceptos como "comisiones", "tipo de interés"... En ocasiones, la concesión del crédito lleva aparejada la contratación obligatoria de seguros o de una tarjeta sin haber sido solicitada por el consumidor.

Es muy recomendable obtener información sobre sus condiciones que, a veces, pueden ser abusivas al cobrar comisiones de emisión, mantenimiento, renovación, disposición en cajeros o impagos...

Es preciso, pues, conocer si el crédito lleva vinculado otro tipo de producto. Respecto a la comercialización de los créditos a distancia mediante Internet, el teléfono o el correo, el consumidor debe disponer de la información contractual en formato papel con una antelación suficiente antes de formalizar la operación.

Es fundamental saber que hay un plazo de desistimiento de 14 días, durante los cuales el consumidor puede rescindir el contrato ninguna penalización. Las empresas que se anuncian en medios audiovisuales y escritos intentan hacer creer al interesado que tendrá el dinero que necesita en un plazo de 24 ó 48 horas a partir de la llamada en que se solicita. La realidad es que el crédito se entrega dos días después de que el cliente haya firmado el contrato, con lo que el plazo es superior al anunciado. Preguntar si la empresa cuenta con una sede física disponible al público a la que poder acudir en caso de querer reclamar.

La mayoría funcionan a través de un número de teléfono de tarificación adicional y otras mediante carta o e-mail a los que no están obligados a contestar antes de dos meses, lo que supone un grave perjuicio para el usuario. Cerciorarse de si estas empresas tienen suscrito un seguro o garantía financiera que cubra las responsabilidades en las que pueda incurrir la empresa.
Fuente: consumer.es

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